Nos ofrecen la huida individual como respuesta a un problema colectivo.
A las mujeres trans ecuatorianas nos han enseñado a resolver la violencia sola y en silencio. La fórmula la conocemos de memoria: si el ambiente se pone pesado, te vas. Cambias de barrio, cambias de ciudad, empiezas otra vez desde cero. Muchas compañeras lo han hecho tres, cuatro, cinco veces en su vida.
Esa fórmula reaparece ahora, con lenguaje técnico, en los procedimientos de asilo internacional: se llama reubicación interna, y consiste en preguntarle a una sobreviviente por qué no se mudó a otra provincia en lugar de salir del país.
Queremos contestar esa pregunta desde donde nos corresponde: no como casos individuales, sino como movimiento.
Tres cosas que no se quedan en la ciudad anterior
La mudanza funciona cuando lo que te pone en riesgo es el lugar. Para nosotras, lo que nos pone en riesgo viaja con nosotras. Son tres cosas concretas.
El registro. Nuestra cédula no se reinventa al cruzar un límite provincial. El número que nos asignaron al nacer es el mismo hasta el final. La rectificación del campo de género se hace una vez en la vida, ante dos testigos que deben declarar formalmente que somos quienes somos, y queda escrita en un registro central al que cualquier ventanilla del país tiene acceso. En Ecuador la identidad legal es una sola y es nacional. No hay expediente que empiece limpio en otra ciudad.
La expresión. Nuestra identidad de género no es una prenda que se guarde en la maleta. No se apaga al llegar, no se activa por conveniencia. Y quien nos pide que nos mudemos «con perfil bajo» nos está pidiendo, sin decirlo, que desaparezcamos otra vez. Ya vivimos eso. Muchas de nosotras nos pasamos la primera mitad de la vida haciendo exactamente eso.
La puerta cerrada del empleo. El ochenta y cinco por ciento de las compañeras cuyos transfemicidios documentamos en 2025 estaba fuera del empleo formal. Tenían entre veintiocho y treinta y cinco años: plena edad productiva. Esa exclusión no depende de qué tan grande sea la ciudad ni de cuántas empresas haya. Depende de que en Ecuador la discriminación laboral contra nosotras no tiene consecuencia práctica para quien la ejerce. Cambiar de provincia cambia el paisaje, no la respuesta que recibimos en la entrevista de trabajo.
Y esa tercera cosa alimenta a las otras dos, porque el desempleo empuja al trabajo sexual como economía de sobrevivencia, y el trabajo sexual es la actividad donde nuestro observatorio registra el mayor riesgo de muerte violenta. Ese circuito se repite idéntico en Machala, en Santo Domingo y en Quito.
El dato que obliga a organizarse en red
Durante 2025 el Observatorio Runa Sipiy documentó treinta muertes violentas de personas LGBTIQ+, veintiuna de ellas transfemicidios. Entre 2010 y 2025 la cuenta acumulada de mujeres trans asesinadas llegó a ciento sesenta y nueve.
La distribución de esos casos es lo que debería cambiar nuestra forma de organizarnos.
La provincia con mayor concentración reúne entre el treinta y cinco y el cuarenta por ciento. Todo lo demás —la mayoría— está repartido: El Oro, Manabí, Los Ríos, Imbabura, Azuay, Santo Domingo. Provincias donde a veces no hay ninguna organización trans con capacidad de documentar, acompañar a una familia o exigir que se active un protocolo de búsqueda.
Eso significa algo incómodo: en las provincias donde no estamos, los casos aparecen tarde o no aparecen. Cuando encontraron a Daleska en los manglares de Jambelí, su familia llevaba días denunciando una desaparición sin que se moviera nadie. Cuando mataron a una adolescente de quince años en Ibarra, muy pocas personas fuera de esa ciudad se enteraron a tiempo.
La violencia contra nosotras ya está organizada a escala nacional. Nuestra respuesta todavía no.
Para qué sirve una plataforma nacional
Una organización provincial protege a quien tiene cerca. Una plataforma nacional hace tres cosas que ninguna organización aislada puede hacer sola:
- Cubre el territorio en la documentación. Un caso registrado en una provincia sin presencia organizada es un caso que se pierde. Y un caso perdido no es solo una injusticia individual: es un dato que le falta al informe con el que exigimos políticas públicas.
- Permite derivar compañeras entre provincias con acompañamiento real. Cuando alguien tiene que salir de su ciudad de urgencia, la diferencia entre llegar sola y llegar con contacto es enorme. No sustituye la protección del Estado —nada de lo que hagamos la sustituye— pero salva vidas concretas.
- Convierte casos dispersos en evidencia de patrón. Una muerte es una tragedia local. Treinta muertes distribuidas en tres regiones son la prueba de que el problema es estructural, y esa prueba es lo único que ha logrado que instancias internacionales miren hacia acá.
Ese tercer punto explica por qué nuestros informes hoy se citan en tribunales fuera del país. No lo buscamos así. Lo buscamos para que el Estado ecuatoriano tipificara el transfemicidio, creara un registro oficial y conformara unidades de investigación especializadas. Trece informes anuales después, seguimos esperando esas tres cosas.
Mientras tanto, la documentación que producimos entre todas sostiene los casos de compañeras que sí lograron salir. Es una victoria amarga, pero es nuestra y la construimos colectivamente.
Lo que estamos diciendo
A quien nos pregunta por qué no nos mudamos, le contestamos que el mapa que imagina no existe, y que nosotras lo sabemos porque llevamos trece años levantándolo caso por caso.
Y a nosotras mismas nos decimos otra cosa: que la salida individual seguirá siendo necesaria para algunas compañeras, y que hay que acompañarla sin juzgarla, pero que no puede ser la única respuesta de un movimiento.
Si nos matan en las veinticuatro provincias, en las veinticuatro tenemos que estar.
Análisis jurídico completo del argumento de reubicación interna, con la reglamentación aplicable en procedimientos de asilo y las Directrices sobre Protección Internacional No. 9 del ACNUR:
Reubicación interna en Ecuador: por qué no es una opción real para las personas LGBTIQ+
Datos: Observatorio Runa Sipiy de la Asociación Silueta X.
Informes info@siluetax.org con copia siluetax@gmail.com

